31-03-2009

BayerHealthCare - Consumer Care

El síndrome de la clase turista, cuestión de talla

- Medir menos de 1,60m o más de 1,90m y tener obesidad son importantes factores de riesgo en esta patología, que actualmente afecta a 4 de cada 1.000 pasajeros españoles - Los especialistas aconsejan mover las piernas cada media hora y tomar Aspirina antes de subir al avión y el día posterior al viaje para evitar lo que también se conoce como ‘trombosis del viajero’

Barcelona, 1 de Abril de 2009 –Millones de españoles cogerán el coche, el tren o el avión en Semana Santa para visitar otras ciudades españolas, capitales europeas o destinos más lejanos. Para ello deberán pasar varias horas de viaje sentados y en la misma posición, lo que dificulta la circulación de la sangre en las piernas y aumenta el riesgo de sufrir lo que se conoce como el síndrome de la clase turista, una dolencia que actualmente afecta a 4 de cada 1.000 pasajeros españoles de vuelos de más de 4 horas, pero que también puede aparecer en trayectos superiores a 6 horas en tren, autocar o coche.

La predisposición a la trombosis venosa de un pasajero que viaje en avión más de 4 horas es tres veces y media más alta. Cada año, la Unidad de Tromboembolismo (UFMATE) del Hospital Clínic de Barcelona registra un promedio de 370 casos de trombosis venosa profunda (TVP) y/o embolismo pulmonar (TEP) y en un 8% de los casos existe un antecedente de un viaje de más de 6 horas en las últimas semanas. Es decir, que la trombosis del viajero supone un 8% de todas las causas que pueden desencadenar uno de estos episodios.

Aparte de ello, y de las personas que padecen ciertas anomalías en la sangre o que ya han tenido una trombosis previa, existen otros factores de riesgo que son determinantes a la hora de sufrir esta enfermedad que la OMS ya ha reconocido como un grave problema de salud, como medir menos de 1,60m –siendo la media de la mujer española de 1,62m- o, por el contrario, más de 1,90m, y tener sobrepeso, un problema que según datos de la Encuesta Nacional de Salud afecta al 44% de los hombres y al 30% de las mujeres españoles mayores de 18 años.

“Los asientos de los aviones están ergonómicamente diseñados para personas que miden de promedio 1,70m y el hecho de no poder apoyar totalmente los pies en el suelo o tener que ir con las piernas encogidas disminuye el flujo de la sangre en las venas”, explica el Dr. Francesc Casals, hematólogo del Hospital Clínic de Barcelona. “Si a ello sumamos una obesidad con un índice de masa corporal superior a 30 Kgr/m2, aproximadamente más de 15 kilos por encima de su peso normal, ya tenemos dos factores de riesgo que están bastante presentes”.

Según el doctor, “las asociaciones de riesgos son las que más predisponen a la trombosis venosa. En el caso del avión, en el 77,2% de los casos aparece en personas con uno o dos factores de riesgo, como tener obesidad, antecedentes familiares de trombosis, trombosis previa o patologías cardiovasculares. Si tenemos algunos de estos factores moderados, debemos tomar medidas de prevención”.

Cambios de presión y poco espacio
Viajar en avión está al alcance de todo el mundo, y el número de viajeros se ha incrementado sustancialmente en las últimas décadas gracias al aumento del número de aerolíneas, entre otros factores. Pero a las ventajas de volar en avión cabe sumar el poco espacio que hay en las cabinas, lo que dificulta la movilidad, y los cambios de presión.

En el primer caso, un reciente estudio realizado por científicos holandeses ha puesto de manifiesto que “escoger asientos situados en el pasillo permite una mayor libertad para moverse, a diferencia de los que se sitúan al lado de las ventanas o en el medio” disminuye la incidencia de trombosis venosa del viajero. Por otro lado, los especialistas también recomiendan utilizar el portamaletas, ya que situar el equipaje debajo del asiento delantero nos obliga a ir encogidos o con las piernas cruzadas, impidiendo el buen riego sanguíneo.

En cuanto a los cambios de presión, “al poco rato de despegar la presión atmosférica en la cabina es comparable a la que existe en una altitud de 1500 a 2.000 metros, y sin aclimatación, algo para lo cual nuestro organismo no está preparado. Entre los trastornos que se producen, destaca la activación momentánea de la coagulación y de este modo aumenta la posibilidad de padecer la trombosis del viajero”.

Mover las piernas y tomar una aspirina, clave
El principal consejo de prevención es mover las piernas cada media hora, ya que así ayudamos a activar la circulación sanguínea de las piernas. “Además de realizar ejercicios durante el viaje, también es recomendable tomar un comprimido de ácido acetilsalicílico, si no existe contraindicación médica, antes del viaje y el día después ayuda a reducir el riesgo”, explica el Dr. Casals. A ello, añade que el síndrome de la clase turista no se desarrolla siempre durante el vuelo, sino que puede aparecer días después, y que “si queremos alargar la protección, deberíamos tomar como mínimo una aspirina al día siguiente”.

Varios estudios realizados en un elevado número de pacientes (PEP Trial o HERS Trial) también han comprobado que “con la toma de aspirina el riesgo de trombolismo se reduce de un 50% a un 30%, pero además los casos mortales disminuían en un 50% de casos. Es decir, que se produce un menor número de trombosis, y las que se producen son menos mortales, que es lo que más nos interesa”.

Además de moverse y tomar aspirina, existen otros consejos que conforman el decálogo para reducir el riesgo de trombosis del viajero. Entre ellos se incluyen: procurar escoger asientos en el pasillo; no colocar equipaje debajo del asiento delantero, porque reduce el espacio para mover las piernas; utilizar medias o calcetines de compresión; evitar la ropa ajustada; en caso de dormir hacerlo con las piernas estiradas y relajadas; no sentarse con las piernas cruzadas; moverse; y consultar al médico en caso de tener factores de riesgo y tener que realizar un viaje de largo recorrido.


Para más información:
Juan Blanco / Isabel López
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